Alguien dijo alguna vez que quien no conoce su historia, corre el riesgo de repetirla. Yo creo que es cierto porque ¿Cuánto tiempo llevamos nosotros los mexicanos sin poder romper ese círculo? ¡Cuánto tiempo! Demasiado.
Me parece que, si retrocediéramos algunos cientos de años, nos daríamos cuenta que esa aseveración es correcta y aplica muy bien a nuestra situación.
¿Qué el gobierno tiene la culpa? La verdad es que tengo mis dudas al respecto pues ¿Cómo puede alguien engañarme si yo no le permito que lo haga? Quizá nosotros mismo, el pueblo en general, tenemos algo de culpa en esta situación.
Por ejemplo: hoy veía un video que me fue compartido en el cual hacen un experimento para ver qué tan difícil es hacer que la gente venda su voto y, tristemente, resulto que no fue tan difícil como estos chicos pensaron; a pesar de que le decían a la gente que al entregar su credencial para votar y recibir su despensa ya no podrían votar porque aparecerían en la lista como si ya hubieran emitido su voto, aun así, la mayoría de las personas decidieron vender su voto.
Hay que encomiar, por supuesto, a las personas que no lo hicieron y que se dieron la vuelta sin dar su credencial de elector, pero la gran mayoría decidió hacerlo, si, así como lo lee, vendieron su voto sin ningún pudor por una pequeña despensa. Inaudito.
Pero ¿Por qué se da este fenómeno? ¿será la falta de educación? ¿la falta de civismo? ¿será la forma precaria en la que vive la mayoría de gente? ¿La gran necesidad que existe en este país? ¿el régimen que nos oprime? ¿o será simplemente la falta de sentido común?
No lo sé, lo ignoro. La verdad es que no me queda claro el porque la gente hace ese tipo de cosas, lo que si tengo muy claro es que actividades como esas o la falta de conciencia, son las que nos mantienen hundidos en la situación en la que se encuentra el país hasta este momento.
Quizá lo que nos hace tanto daño sea la falta de identidad y podría ser, pues ¿Quién puede amar lo que no conoce?
Nos olvidamos, muy a menudo de dónde venimos, olvidamos que somos los orgullosos herederos de pueblos con casta, con historia, con cultura, con inteligencia, con valor, con amor, con espiritualidad, nos dejamos convencer en algún momento, que nuestros antepasados fueron pueblos barbaros que hacían sacrificios humanos por deporte y que los españoles, muy amablemente, vinieron a salvarnos de nosotros mismos para llevarnos de la mano hacia la civilidad y la modernidad cuando en realidad, aquellos autonombrados “conquistadores” deberían haber aprendido de nuestra gente que realmente eran ya civilizados con creencias espirituales como cualquier otra cultura.
Deberíamos conocer un poco más de esos más de 8,000 años de historia que se han perdido entre las páginas de los libros de texto de nuestros niños de primaria en donde se cambia la historia según convenga al presidente en turno o alguna de las elites más poderosas de nuestro país.
Como bien lo explica Francisco Martin Moreno, en su libro “México engañado” en donde el autor revisa varios de los libros de texto y nos da cuenta de los engaños que inculcan en nuestros niños. O Guillermo Marín, con su libro “Historia verdadera del México profundo”, en donde nos narra hechos quizá desconocidos para muchos de nosotros, ciudadanos comunes.
No debemos olvidar que la mayoría de autores de nuestra historia prehispánica son extranjeros que abordan nuestra historia de modo despectivo y parcial, en cambio, los autores mexicanos se han dado a la tarea de investigar y mostrarnos la historia verdadera de forma neutral y lo más apegada a la realidad posible.
Definitivamente tendríamos que revisar la información que reciben nuestros niños y no permitir de ninguna forma que sean engañados. Es nuestra obligación, creo yo, informarnos, enterarnos y participar en la vida política de nuestro país pues de no ser así, seguiremos viviendo de la forma en que lo hacemos y al final estamos condenado a nuestros hijos a repetir la historia.
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